En julio del año pasado, el gobierno canadiense eliminó los aranceles a la importación de vehículos eléctricos fabricados en China, lo que despertó inicialmente gran entusiasmo entre los concesionarios locales. Sin embargo, apenas medio año después, algunos de los primeros concesionarios canadienses que habían mostrado interés activo en marcas como BYD, Chery y GEELY ya manifiestan dudas: las presiones reales sobre los costos, la ausencia de una red de posventa consolidada y las restricciones impuestas por el cupo anual de importaciones están enfriando rápidamente el optimismo inicial.
Del entusiasmo a la cautela: visitas in situ revelan dudas profundas
Según Samir Akawain, director gerente de la consultora automotriz Templeton Marsh, desde la supresión de los aranceles, varios concesionarios canadienses han viajado en grupo a China para inspeccionar instalaciones, pero sus valoraciones se han vuelto cada vez más prudentes. Michael McGillivray, CEO del grupo automotriz Century, señaló que, tras su visita a China en mayo de este año, más de la mitad de los concesionarios participantes expresaron al regresar a Canadá dudas concretas, especialmente sobre la estabilidad de la relación con el fabricante, los mecanismos de reembolso de costos de garantía, la capacidad de soporte técnico local y la viabilidad del modelo de rentabilidad a largo plazo.
Cupos más ajustados y advertencias del mercado frenan la expansión
Una limitación aún más tangible proviene del ámbito regulatorio: Canadá ha establecido un límite anual de 49 000 unidades para la importación de vehículos fabricados en China, cuota que debe repartirse entre todas las marcas chinas y otros fabricantes cuyos vehículos se exporten desde China. Esto implica que el número de modelos que puede introducir cada marca — y su ritmo de entrega — está sujeto a una restricción rígida, dificultando tanto una expansión ágil de la red de concesionarios como un crecimiento escalable del volumen de ventas.
Además, durante sus visitas, los concesionarios canadienses percibieron directamente la intensa competencia existente en el mercado doméstico chino: el año pasado, más de la mitad de los concesionarios locales en China registraron pérdidas. Este «caso de advertencia» ha llevado a muchos socios canadienses a reevaluar su capacidad para asumir riesgos y el horizonte de retorno de su inversión.
La producción local podría ser la clave para romper el impasse
Los análisis del sector coinciden en que la instalación por parte de los fabricantes chinos de plantas de ensamblaje local en Canadá constituiría un punto de inflexión decisivo para restaurar la confianza de la red de distribución. Esta medida no solo aliviaría la presión derivada del cupo de importación, sino que también agilizaría la respuesta de la cadena de suministro, reforzaría la disponibilidad de recambios para la posventa y fortalecería las expectativas de los concesionarios respecto a la estabilidad y sostenibilidad de la colaboración a largo plazo. Por ahora, ningún plan de construcción de fábricas ha sido anunciado oficialmente, pero ya se considera una variable central para la próxima fase de profundización de la cooperación.
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